Archivo de la categoría: Comunicación Pública

The Morton’s Happy Customer and HARO creator, Peter Shankman in Chile

Today i met Peter Shankman. What an honor -that’s why this is in english-.

First, i have to thank Peter himself for being able to visit Chile and be available to share his knowledge with us. Second, thanks to my undergrad faculty, Periodismo at Universidad Diego Portales for hosting Peter’s talk. And third, the US Embassy in Chile for whatever -i’m not sure of it- their participation on his visit was.

The Man

Peter Shankman is someone who is -as PR Week Magazine described him- “redefining the art of networking”. He’s the mind and efforts behind Help A Reporter Out, HARO, an entirely free social media service that links journalists with sources and businesses. HARO has allowed more than 7,5 million media pitches and has put hundreds of thousands of journalists from around the globe in contact with more than 1,500 brands and different sources. Kudos for HARO!

Maybe you’ve heard about Peter for being the guy that Morton’s Stakehouse brought a porterhouse stake to the airport to, after he tweeted for it (you can read all about it in Peter’s blog post. And if you love those kind of stories as much as i do, you should check KLM’s Surprise project).

Peter is also founder and CEO of The Geek Factory, Inc., a book author, a speaker, a consultant… basically a media, marketing and communication innovator, i’d say. But after today, i think above all that, he’s a very interesting nice guy. Today he not only gave a great speech to journalism students but also was kind and patient enough, to answer questions an greet some of us who waited for him afterwards (freeks…).

The Talk

Regarding to his talk, i couldn’t agree more. His basic argumemt was that today’s journalism and journalists challenges can be met with the basic principles that have always ruled good journalism. He sums them up in:

1.- Transparency
2.- Relevance
3.- Brevity
4.- Top of Mind

But not only he said challenges could be met following this rules. He started by saying that: “journalism fundamentals haven’t and WON’T change“. What a great advice for journalism students that are begining their studies in today’s journalism and communication in general, vertigo.

Also, he has not only speak about it for a long time but he proves it with actions. HARO is one of the most interesting social media innovations i’ve seen in journalist-sources relationships. Morton’s Stakehouse case is one that proves all four principles too.

The Lesson

As a communications profesional i’ve experienced succesfull examples of both. And the main reason i think both worked and that Peter’s advices are correct, is because underneath all of it lies an even more simple but radical principle: the better the person, the better the communication it can achieve. Is that simple. HARO and Morton cases prove it. Peter proves it. You can prove it.

So, to rap it up, i’m glad i could meet in person, someone i’ve been reading and tweeting with for more than four years now, but i’m more happy to listen his great advice on good journalism and communication opportunities for future profesionals, based on the long lasting basic inmutable principle.

Morton’s couldn’t have made a better choice on rewarding a good pro with a powerstake.

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Photo: Affiliate Summit

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Si y No

Ayer pude ir a ver NO, la película. Sin duda fue un ejercicio de reflexión y emocional, y en términos generales, coincido con Carmen Sofía Brenes en el veredicto: una película muy inteligente. Pero como toda obra (y toda comunicación), se libera de las intenciones que ha intentado imprimir su autor (sea el director, sea el guionista, sea el productor) y, aunque pueden coincidir, lo importante es lo que se interpreta desde la butaca, el sillón o la cama, y las acciones a las que puede mover. Va aquí mi “versión-butaca”.

SI
La película nos lleva a un momento ineludible en la historia de Chile, el plebiscito de 1988, desde la perspectiva del creativo publicitario, René Saavedra. Desde su perspectiva, se nos narra el proceso de creación de la franja televisiva de la campaña del NO. Con los códigos publicitarios y frente a mucha adversidad y adversarios, se logra imponer la conceptualización de Saavedra y la alegría sería la promesa y la idea central de la franja, a pesar de las ganas de la mayoría de la oposición de retratar los abusos, el miedo, el terror, la “verdad”.

La historia, sin duda, es un acierto. La narración, funciona. La actuación (a excepción de García Bernal, pienso), excelente. Pero sobretodo, la película propone un tema que vale la pena comentar y discutir, por lo que se agradece. Sin embargo, como todo cine, no lo hace desde la vereda de la objetividad (no podría), sino desde la opuesta y, alguien podría argumentar, desde la ideológica.

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Fuente: La Nación

NO
En la cara opuesta, la película trasunta una opinión política desde dos perspectivas: primero, que a la política chilena y a los políticos, les falta creatividad y sintonía con las personas, y segundo, que la derecha es peor que la izquierda. Sin duda, no se puede reprochar que así sea, pero el cine, como toda comunicación, debiera aspirar al bien común y a la unidad y NO, atornilla en sentido contrario.

Por una parte, pienso que la ridiculización de los políticos en general y de la derecha en particular que se observa en la película, es un recurso burdo. Útil, pero burdo. Nadie discute que una película como ésta retrate y condene los abusos a los derechos humanos cometidos, pero la banalización, la estereotipización, la estupidización del adversario, no parece el mejor camino para justificar la posición propia, al contrario, es un demérito pues el camino fácil nunca será el excelso.

Otra arista negativa tiene que ver con la vocación de perpetuidad de la película. En muchos pasajes, los símbolos declaran la pretensión de extensión del ambiente que describe la película a nuestros días. Entre otros ejemplos y detalles, no es casual que aparezcan los protagonistas de la historia real, interpretándose a ellos mismos y exacerbando las diferencias físicas entre presente y pasado, pero manteniendo el discurso. Como si el guión nos dijera que ayer y hoy, el escenario es el mismo y, por ende, que la división, las banderas de lucha, lo que Chile necesita, es seguir viviendo con el muro del plebiscito entre nosotros. NO retrata el Chile de 1988, pero se exhibe en 2012, eso no hay que olvidarlo.

SI y NO
El cine chileno, especialmente el espectador chileno, necesitamos desafío. NO, es un desafío. Una prueba de la memoria, un test de reflexión, una provocación intelectual. Pero es también una opinión, una declaración, una proclama. Por lo mismo, pienso que es muy inteligente. Muy inteligente porque cumple con su vocación por la discordia (basta ver la campaña publicitaria de la película y las noticias y twitter por estos días, para darse cuenta). Lamentablemente le falta vocación por el diálogo y el respeto. Una verdadera vocación por la alegría.

Nota: me declaro absolutamente lego en teoría del cine o siquiera algo parecido. Por lo mismo repito, esta es mi humilde versión-butaca. Y si hubiere a cualquiera ofendido, desde ya me disculpo.

No pienses en el Arcoíris

La última columna del profesor Gonzalo Rojas no puede pasar desapercibida. No porque sea buena o mala en su racionamiento, sino porque da cuenta de un mal síntoma social y, en particular, del grave problema en el que no hace más que profundizar la centroderecha y quienes la representan en los espacios de discusión pública, especialmente en los medios de comunicación.

La afirmación que intenta refutar el académico -aquello de que no existiría un movimiento social- no hace más que validar y asentar la “idea-fuerza” que utiliza Girardi, como lo refleja el actuar del Ministro Beyer que el mismo Rojas menciona. La izquierda unida, hace ya varias décadas, ha entendido la importancia de la comunicación, del lenguaje, de las palabras, de las percepciones, y ha sabido configurar una narrativa común para dominar las ideas y el escenario político y cultural de los últimos treinta años en Chile. No es este el espacio suficiente para un debate en profundidad para explicar en detalle lo anterior, pero creo que se puede, en algunas líneas, sintetizar el fondo del argumento que sostiene estas afirmaciones y el mecanismo por el cuál ocurre este fenómeno.

“No pienses en un elefante” (Don’t think of an elephant!). Esta es la primera tarea que el profesor de ciencia cognitiva de Berkeley, George Lakoff, da a sus alumnos el primer día de clases. Lo que intenta explicar con este ejercicio es como funciona un frame o “marco conceptual” (por aventurar una traducción). La palabra “elefante” evoca un determinado marco conceptual sobre el cual damos sentido a la misma y que en este caso, está compuesto por imágenes y otras formas de conocimiento: animal, orejas, patas, circo -el Rey de España podría agregar alguien-, etc. Pero lo relevante del ejercicio es que comprueba que el simple hecho de negar un marco conceptual evoca el mismo, y que lograr que la mente salga de ese marco o no lo refiera, es muy complejo. Tanto es así que el propio Lakoff afirma que nunca ha recibido un alumno que logre efectivamente “no pensar en un elefante”.

Existe muchísima literatura referida al framing que se puede consultar y desde hace mucho tiempo. Por lo mismo, a esta altura parece inverosímil que en la centroderecha no lo hayan entendido y no se hayan tomado cartas serias en el asunto, como sí lo ha hecho la izquierda en Chile, desde hace ya mucho tiempo. El profesor Lakoff y muchos como él lo hicieron en 2004 en Estados Unidos y llegaron con Obama a la Casa Blanca. La Alianza llegó a La Moneda (en un hecho que en retrospectiva es cada vez menos comprensible) y la centroderecha no ha sabido pensar en el futuro ni en cómo forjar una narrativa común que pueda hacer frente al ejército de actores y el mar de ideas que la izquierda ha articulado notablemente, sociólogos, antropólogos, comunicadores, historiadores, abogados, cientistas políticos y un amplio etcétera mediante. El “NO” es el gran articulador de este grupo y su discurso. Comenzó con el no a Pinochet y se ha perpetuado con un fuerte y claro (y muy antidemocrático por lo demás) no a la derecha, y bajo ese halo se ha articulado la influencia que ha ejercido este sector en el país. Consideraciones aparte, ha sido notablemente efectivo. Tanto así que como sociedad todavía nos domina un marco conceptual de la discordia y no hemos podido avanzar en la construcción de un Chile dialogante, con proyección y positivo. Esta retórica de la negación pudo sumar adherentes con un ejercicio comunicacional excepcional y cuyo epítome es el arcoíris de la Concertación. El marco conceptual al que refiere esta imagen y tantas otras en adelante (el dedo de Lagos, Pinochet detenido, y un largo etcétera de diversas manifestaciones políticas y culturales), es un terreno ganado e incluso más, la centroderecha se dispara día tras día en los pies (¡y con una ametralladora!), tratando de refutarlo. La columna de Gonzalo Rojas es un claro ejemplo de esto y creo que ya es tiempo de que podamos construir un Chile sobre nuevos marcos conceptuales.

La explicación de las iniciativas cívicas que hace Rojas en su columna es muy clarificadora, pero no da cuenta del significado profundo de aquello a lo que refiere la expresión “movimientos sociales” y que el ex Presidente Lagos ha refundido en “fuerzas sociales”. Están buscando un nuevo arcoíris, pero los chilenos necesitamos más que sólo un fenómeno óptico que se desvanece. Esto no sólo para conseguir el poder (si fuesen las intenciones de la centroderecha), sino porque cada uno de los chilenos nos merecemos la oportunidad de soñar un país distinto, un país mejor, un Chile virtuoso, un Chile alegre. Para eso necesitamos superar el estadio de la discordia y desde todos los espectros, políticos, ideológicos, académicos, comunicacionales y los que sean necesarios, debemos cambiar el diálogo, reconstruir la confianza social y pensar un Chile mejor. Ya lo dijo Nicanor Parra: “la izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas”. Tiene toda la razón. ¡No pienses en el arcoíris!

Nota: el texto fue enviado a la sección Cartas al Director del diario El Mercurio para ser publicada el día siguiente de la columna de Gonzalo Rojas mencionada.

The Economist vs Reputation Institute

I thought this needs to be published in the same space because it presents some very interesting points of view regarding reputation and managment.

On the first hand, The Economist published (Schumpeter) it’s point of view on “Why companies should worry less about their reputations“. On the other, Reputation Institute answers directly with why “Companies should worry more about their reputations, not less” (the mistake was to do it in a closed group in LinkedIn).

 

I copy both texts here for you to be the judge and referee if you dare.

The Economist – Schumpeter

What’s in a name? Why companies should worry less about their reputations

PEOPLE have been debating reputation since the beginning of history. The Bible says that a “good name is rather to be chosen than great riches, and loving favour rather than silver and gold.” Others have dismissed reputation as insubstantial—a “shadow” in Abraham Lincoln’s phrase, or an “uncertain flame” in James Lowell’s. Shakespeare provided material for both sides: Cassio described reputation as “the immortal part of myself”, while Iago dismissed it as “an idle and most false imposition: oft got without merit, and lost without deserving.”

Today’s management-theory industry has no time for such equivocation. For its acolytes, reputation—or at least the corporate kind—is a “strategic asset” that can be “leveraged” to gain “competitive advantage”, a “safety buffer” that can be called upon to protect you against “negative news”, and a stock of “organisational equity” that can be increased by “engaging with the stakeholder community”.

On April 17th Gibson Hall—a wonderful Victorian edifice near the Bank of England—echoed not with the sound of Shakespeare (which would have suited it), but management speak. The Reputation Institute, a consultancy, revealed the results of its latest “Reptrack” Corporate Reputation Survey. And various spokespersons hammered home the importance of managing reputation. Reputation is so important these days, they said, that we live in nothing less than a “reputation economy”.

The launch of the British corporate-reputation survey was only one of a number of similar launches around the world: the Reputation Institute has offices in 30 countries. And it is only one of many consultancies that plough this particular furrow. Plenty of other organisations offer firms “holistic” advice on improving their reputations, such as Perception Partners in the United States or specialised divisions within many big consultancies. And a rapidly growing number of niche consultancies, such as ReputationDefender, give people advice on managing their reputations online. For example, they offer tips on how to push positive items up the Google ranking and neutralise negative ones.

It is easy to see why so many bosses are such eager consumers of this kind of advice. The market value of companies is increasingly determined by things you cannot touch: their brands and their intellectual capital, for example, rather than their factories or fleets of trucks. The idea of a “reputation economy” makes intuitive sense: Facebook is worth more than General Motors. At the same time, reputation is getting ever harder to manage. NGOs can turn on a company in an instant and accuse it of racism or crimes against the environment. Customers can trash its products on Twitter. Corporate giants such as Toyota and BP have seen their reputations collapse in the blink of an eye.

How successful are reputation consultancies in rendering the intangible measurable and manageable? The Reputation Institute has produced some intriguing results. Americans and Britons are more impressed with “old-economy” firms than “new-economy” ones. The three most reputable companies in America are General Mills (which sells food), Kraft Foods and Johnson & Johnson (drugs and household goods). The top three in Britain are Rolls-Royce (jet engines), Dyson (vacuum cleaners) and Alliance Boots (drugs and prawn sandwiches). In Britain the overall reputation of the corporate sector has declined since last year. In 2011 it looked as if British firms were recovering from the reputational catastrophe of the financial crisis. But outrage over bosses’ bloated pay and phone-tapping by big media companies—particularly News Corporation—have reversed that trend.

Nevertheless, there are three objections to the reputation-management industry. The first is that it conflates many different things—from the quality of a company’s products to its relationship with NGOs—into a single notion of “reputation”. It also seems to be divided between public-relations specialists (who want to put the best possible spin on the news) and corporate-social-responsibility types (who want the company to improve the world and be thanked for it).

 

Reputation as a by-product

The second objection is that the industry depends on a naive view of the power of reputation: that companies with positive reputations will find it easier to attract customers and survive crises. It is not hard to think of counter-examples. Tobacco companies make vast profits despite their awful reputations. Everybody bashes Ryanair for its dismal service and the Daily Mail for its mean-spirited journalism. But both firms are highly successful.

The biggest problem with the reputation industry, however, is its central conceit: that the way to deal with potential threats to your reputation is to work harder at managing your reputation. The opposite is more likely: the best strategy may be to think less about managing your reputation and concentrate more on producing the best products and services you can. BP’s expensive “beyond petroleum” branding campaign did nothing to deflect the jeers after the oil spill in the Gulf of Mexico. Brit Insurance’s sponsorship of England’s cricket teams has won it brownie points in the short term, but may not really be the best way to build a resilient business. Many successful companies, such as Amazon, Costco, Southwest Airlines and Zappos, have been notable for their intense focus on their core businesses, not for their fancy marketing. If you do your job well, customers will say nice things about you and your products.

In his “Autobiography” John Stuart Mill argued that the best way to attain happiness is not to make happiness your “direct end”, but to fix your mind on something else. Happiness is the incidental by-product of pursuing some other worthy goal. The same can be said of reputation

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Reputation Institute

Companies should worry more about their reputations, not less

I would be remiss not to react to the provocative blog published by the Schumpeter namesake columnist in The Economist this week (http://www.economist.com/node/21553033), in which consultancies such as Reputation Institute were criticized for distracting companies from their core activities by encouraging them to focus on improving how they manage their reputational assets.

That was an inaccurate characterization of our work. I wrote my original book ‘Reputation’ in 1996 precisely to defend the thesis that a company’s reputation is a new form of ‘cognitive asset’ whose economic value is rapidly growing and so should be recognized, measured, and actively managed on par with a company’s more tangible assets.

Then as now, those of us providing strategic advice in this space have repeatedly stated that reputation is not an end in itself. Rather, reputation is an outcome of a process that connects a company’s value proposition and business model to what it stands for in its everyday behavior and actions. Indeed, the example that the Economist provides of BP under Browne/Hayward is a very good example of how a company that tried to manage the company’s reputation as a stand-alone asset would fail precisely because the images it was trying to convey about the company was not aligned with its behavior.

If we have learned anything in the years of research and analysis done since I wrote my first academic article on this topic in 1990, it’s that every company needs institutional support from a broad stakeholder ecosystem in which it is embedded, and that no company wins support by simply engaging in advertising and PR campaigns that do not reinforce the reality of what the company is actually doing.

We have taken to describing the emerging socio-economic system around companies as a ‘reputation economy’ to capture the fact that earning support is increasingly a function, not of marketing and PR, but of direct experiences, on one hand, and of hearsay, on the other. In this reputation economy, the companies that are emerging as leaders are worrying as never before with generating positive real-time experiences on the frontlines, while simultaneously securing favorable impressions from the diffuse clouds forming around them. That is what we mean by active reputation management. The best of these companies are doing it by strategically constructing an array of initiatives designed to align their company’s vision with its capabilities and by ensuring that these initiatives address the expectations of their stakeholders.

In the short run, however, it’s true that many companies can and will prosper without directly focusing on building reputation. But these companies are also likely candidates for going awry in the long run because lax practices mean they stockpile huge risks that later prove costly to mitigate (consider, for instance, the tobacco industry’s current payouts and regulation). Lacking a solid reputation, many of these companies also fail to take advantage of the opportunities they have to outperform rivals along the way.

In Schumpeterian terms, a poor reputation invites creative destruction, whereas a strong reputation, rooted in deep-seated, trusting relationships with stakeholders, provides a powerful countervailing force to the unbridled rivalry of open competitive markets. Were he writing today, I am quite sure the original Joseph Schumpeter would have recognized reputation management as a powerful influence on the competitive dynamics of markets. To be fully competitive and value-creating, I suggest that companies and their managers need to worry more -not less- about their reputations.

Dr. Charles J. Fombrun
Founder & Chairman, Reputation Institute

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Fire up!

Confianza Social y el rol de la Comunicación: Conclusiones de Enade 2011

En general, este 2011 hemos visto muy buenas presentaciones de empresarios, emprendedores, estudiosos, trabajadores… y comunicadores. Cifras alentadoras, severos diagnósticos, proyecciones maravillosas, terribles augurios. De todo pudimos ver y oir (via streaming, debo agregar y felicitar). Sin embargo, creo que todos los análisis apuntaron a un tema central y que no se circunscribe únicamente al mundo de la empresa: la confianza.

Todos coincidieron, en mayor o menor medida, de una u otra forma, en que la pérdida de confianza entre autoridades y ciudadanos, entre instituciones y personas, entre unos y otros, es el peor de los males actuales.

Entre todas, me quedo con un par de intervenciones que, creo, dieron en el clavo en el remedio a la situación que vivimos en Chile y -pienso que no es aventurado afirmarlo- en el mundo entero.

Primero, el actual Director de Prensa de Televisión Nacional de Chile, Enrique Mujica, pondiendo al ciudadano y la explosión de sus opiniones a través de las nuevas tecnologías, resumía la receta con la siguiente fórmul: “la desconfianza se vence sólo con las palabras y con el diálogo”.

Segundo, el abogado y consultor, Jorge Navarrete, coincidía en sus observaciones y cierra su presentación con un video que temrina en: “Nunca subestimes el poder de una gran historia”.

En brevísimo, el quid es y sigue siendo la comunicación. Pues bien, quisiera compartir una líneas del tremendo libro “Teoría de la Comunicación: una Propuesta” del maestro de la Universidad de Navarra, Manuel Martín Algarra, quien nos recuerda el fin profundo de la verdadera comunicación y nos puede ayudar a entender dónde están las falencias actuales y cómo podemos recuperar la confianza social.

“La integración que produce la comprensión es el fin de la comunicación. Esa comprensión se alcanza en la correspondencia de lo expresado con lo interpretado: cuando lo desconocido deja de serlo y se supera una más de las barreras que nos separan. La interacción comunicativa produce la superación de las diferencias que existen entre los seres humanos por su condición de individuos, produce la comunión y la integración social, supera el aislamiento que muchas veces deviene en violencia.”

Agrego a estas líneas, una frase que usara el mismo Martín Algarra para retomar las clases en la Universidad de Navarra, el día después del atentado de ETA en 2008: Desinunt odisse qui desinunt ignorare.

Nota para no chilenos: anualmente en Chile, ICARE organiza la jornada denominada Encuentro Nacional de la Empresa (ENADE) donde exponen personajes de gran relevancia para el país, respecto a distintos temas contingentes y de futuro.

The chilean way

Mucho se ha comentado la intención de reformular el eslogan que marcará la campaña internacional de nuestro país. Actualmente estamos representados en el mundo con la frase “Chile is good for you” y la idea, tras los eventos de la mina San José, sería reemplazarla por “Do it the chilean way”.
Sin entrar en el juicio sobre el cambio, creo que no podemos olvidar los aspectos centrales de la configuración de la imagen. Como afirma Manuel Martín Algarra, la comunicación es un fenómeno de expresión e interpretación. Luego, la difusión de la imagen de Chile bajo este nuevo eslogan será interpretada de tantas maneras como receptores se vean expuestos al mensaje. Pero la interpretación que hagan de ese mensaje, estará compuesta no sólo por las imágenes del reciente rescate.
La experiencia y percepción de cualquier persona respecto de un país está sujeta a su historia, relaciones, conversaciones, etc. Habrá muchos que todavía ni saben donde queda Chile, habrá otros que sólo han oído hablar de Zamorano y Pinochet, habrá quienes sólo hayan oído el mito de que en Suecia al chileno no hay que decirle nada si roba en un supermercado porque “es su cultura”. Al mismo tiempo tenemos que preguntarnos si¿estamos en condiciones de soportar tremenda generación de expectativas? Obama llegó a la Casa Blanca bajo la promesa del cambio y su nivel de aprobación está en el índice más bajo de su gobierno. ¿La negación de extradición de Norambuena, es también the chilean way? ¿Nuestros ponceos en el New York Times se mueven al ritmo del chilean way? ¿Y si en 2014 repetimos el penal de Caszely? Suma y sigue.
Chilean ways existen como chileans hay. Por eso, presumir de que todo en Chile se hace bien como busca representar la nueva frase, suena más a fanfarronería que a realidad. Y es que la imagen de una organización, de un país, de lo que sea, se contruye no sólo en base a lo que el ente dice que es, sino también a lo que otros dicen que sea y a lo que, finalmente, interpreta quien recibe distintas versiones. La reputación se merece, no se fabrica y la falsa expectativa que podemos generar chocará rotundamente con la verdadera identidad del chilean way, como la de cualquier country way lo haría, porque errare humanum est. Y chilean también.

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Cartas al Director (1)

Bienvenidos a una nueva serie de este blog. En el tiempo, muchas letras han sido despachadas desde el teclado de este humilde servidor a distintas cabeceras de prensa. Algunas de ellas han visto la luz pública. Otras se van quedando en el disco duro. Para estas últimas, es que generamos la serie de “cartasaldirector”

En esta primera edición, a propósito de una carta previa del abogado señor Ramón Barros E. aparecida en El Mercurio del domingo 12 de septiembre de 2010 titulada Intervenciones Presidenciales, quien suscribe replicó con la carta que sigue:

Señor Director:

A propósito de la carta de ayer del señor Ramón Briones E., me parece de interés general comentar las ideas de sus últimas líneas. Afirma el abogado que en Chile “existen grupos que tienen poder de mucha presión”, pero considera que no es el caso de los ecologistas y, además, afirma que la sociedad chilena tendría las herramientas para controlarlos (a los grupos de presión).

Creo que las afirmaciones revelan un desconocimiento de la situación actual en que se desenvuelven los que conocemos como “grupos de presión”. En el mundo de hoy, éstos ya no son sólo aquellos pocos que tienen llegada en los despachos ministeriales, los que sostienen reuniones privadas con los parlamentarios o los que pueden desenfundar fondos ilimitados para mover sus intereses. Hoy la presión también viene de las raíces sociales, del ciudadano común, y, por volumen, debiera este grupo preocupar más que ningún otro a la autoridad. La sociedad chilena pasará de ejercer el control que afirma Briones, a ejercer la presión desde sus bases.

Los medios y canales de distribución de información actuales han configurado un escenario especialmente favorable para desarrollar estrategias en variados temas. Los asuntos de interés público son particularmente sensibles a este tipo de acciones. Una característica fundamental de este nuevo entorno es que las batallas no tienen fronteras. La gestación de una estrategia de presión puede tener lugar en Bruselas, articularse en Washington y ejecutarse en Punta de Choros o La Moneda. Desconocer esto, es no entender la lógica del activismo, cualquiera sea su bandera de lucha. Los grupos que han sabido entender esta realidad han reconocido las oportunidades que allí se encuentran y las están aprovechando, como los movimientos ecologistas, por ejemplo.

Otro elemento clave es su descentralización. Valiéndose del uso de las tecnologías informáticas e internet, veremos cada vez más protagonismo de la ciudadanía en los asuntos públicos. Más manifestación, en los teclados y en el empedrado. Más opinión, en los medios informativos y en los personales. Creo que el nombre “activismo” calza perfectamente con estos grupos. Basta con “activar” las redes establecidas para comenzar el juego…

Barrancones ha sido sólo una muestra, gruesa por cierto, de la influencia que pueden alcanzar estos grupos y del protagonismo del ciudadano. Ya vendrán otras batallas. Es de esperar que todos entendamos este fenómeno y en estas batallas no veamos sangre, sino grandes ideas.

Nota:  En post anterior (inlgés) hay más antecedentes de lo que entiendo de este “nuevo” tipo de activismo.

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