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The Morton’s Happy Customer and HARO creator, Peter Shankman in Chile

Today i met Peter Shankman. What an honor -that’s why this is in english-.

First, i have to thank Peter himself for being able to visit Chile and be available to share his knowledge with us. Second, thanks to my undergrad faculty, Periodismo at Universidad Diego Portales for hosting Peter’s talk. And third, the US Embassy in Chile for whatever -i’m not sure of it- their participation on his visit was.

The Man

Peter Shankman is someone who is -as PR Week Magazine described him- “redefining the art of networking”. He’s the mind and efforts behind Help A Reporter Out, HARO, an entirely free social media service that links journalists with sources and businesses. HARO has allowed more than 7,5 million media pitches and has put hundreds of thousands of journalists from around the globe in contact with more than 1,500 brands and different sources. Kudos for HARO!

Maybe you’ve heard about Peter for being the guy that Morton’s Stakehouse brought a porterhouse stake to the airport to, after he tweeted for it (you can read all about it in Peter’s blog post. And if you love those kind of stories as much as i do, you should check KLM’s Surprise project).

Peter is also founder and CEO of The Geek Factory, Inc., a book author, a speaker, a consultant… basically a media, marketing and communication innovator, i’d say. But after today, i think above all that, he’s a very interesting nice guy. Today he not only gave a great speech to journalism students but also was kind and patient enough, to answer questions an greet some of us who waited for him afterwards (freeks…).

The Talk

Regarding to his talk, i couldn’t agree more. His basic argumemt was that today’s journalism and journalists challenges can be met with the basic principles that have always ruled good journalism. He sums them up in:

1.- Transparency
2.- Relevance
3.- Brevity
4.- Top of Mind

But not only he said challenges could be met following this rules. He started by saying that: “journalism fundamentals haven’t and WON’T change“. What a great advice for journalism students that are begining their studies in today’s journalism and communication in general, vertigo.

Also, he has not only speak about it for a long time but he proves it with actions. HARO is one of the most interesting social media innovations i’ve seen in journalist-sources relationships. Morton’s Stakehouse case is one that proves all four principles too.

The Lesson

As a communications profesional i’ve experienced succesfull examples of both. And the main reason i think both worked and that Peter’s advices are correct, is because underneath all of it lies an even more simple but radical principle: the better the person, the better the communication it can achieve. Is that simple. HARO and Morton cases prove it. Peter proves it. You can prove it.

So, to rap it up, i’m glad i could meet in person, someone i’ve been reading and tweeting with for more than four years now, but i’m more happy to listen his great advice on good journalism and communication opportunities for future profesionals, based on the long lasting basic inmutable principle.

Morton’s couldn’t have made a better choice on rewarding a good pro with a powerstake.

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Photo: Affiliate Summit

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El Tuiteo y la Gloria

Para la última edición de Revista El Sábado de El Mercurio, el habitual comentarista de cine agrega una segunda titulada “Adiós a Guillermo” (en evidente alusión a la obra de el homenajeado “Adiós a Ruibarbo”).

Notablemente escrita, como suelen ser las piezas del Decano de la Escuela dePeriodismo UAI, contiene mucho de lo que conocimos de Guillermo Blanco, quizás lo más trascendente, pero tiene trazos de periodismo old fashioned también. Por ello, invitamos a leer y comentar.

Les dejamos aquí la columna. Al final el comentario de DirCom.

“Adios a Guillermo”

 

En 1977, Carlos Flores estrenó su memorable documental Pepe Donoso, filmado durante un regreso del escritor a Chile. En una de las escenas centrales, filmada en un bar algo piojoso, Donoso conversa y fuma con otras tres figuras de la “generación del 50”. Juntos, en un mismo espacio que hoy se vuelve fantasmal, la elocuencia de Donoso, la agudeza de Enrique Lihn, el silencio bello y elegante de María Elena Gertner. Y la modestia de Guillermo Blanco, que se confiesa “miedoso” a la hora de publicar, pero que en seguida declara: “Frente a la carilla en blanco, no había cobardía posible”.

Retuve esa frase. Intrigante, casi confidencial. Un año después, entré a hacer la práctica en la sección cultura de la revista Hoy. El editor era Guillermo Blanco. Primer jefe. ¿Cómo decirlo? Es extraño que alguien a quien uno viene leyendo desde la primaria -los cuentos: Cuero de Diablo, Adiós a Ruibarbo-, la secundaria -Gracia y el forastero- y hasta la universidad sea justo el primer jefe. Un tótem dándote las primeras órdenes.

Estuve bajo su mando un par de años, quizás menos. Y me he sorprendido muchas veces amplificando ese período hasta la fantasía, como esos momentos que se expanden mucho más allá de sí mismos. Debo a Guillermo el cariño por la palabra, el respeto a su solemnidad y la gracia de su irreverencia. Le debo la noción de que las palabras son habitadas por la gente, y no al revés. Le debo la comprensión de que la palabra escrita también suena, que las frases tienen su propia música. Le debo una cierta idea -imprecisa, de mal alumno- del vínculo entre la escritura y la moral.

Y muchas otras cosas. Unas discusiones sobre ciertos asuntos (el uso de la coma antes o después de la y, el empleo arrojadizo de la palabra siútico, la ferocidad de los cuentos de Pablo García, la etimología de la palabra ingenuo) que resultarán fósiles para la cultura twitter. Unas lecciones sobre la libertad, Unamuno, la conciencia, Vietnam. Unas ideas sobre la escritura ejercida en tiempos confusos y violentos.

En fin: las luces de un maestro. ¿Qué es un maestro? En la definición no dicha de Guillermo, un hombre que encuentra el diamante donde otros sólo ven el carbón. Un hombre que hace lo que los padres no pueden, por incondicionales o por provectos. Ignoro si los cientos de alumnos que tuvo en distintas universidades habrán sentido lo mismo; pero sé que fue una de las figuras propiamente magisteriales del periodismo chileno.

¿Lo esencial? Guillermo no era un filósofo ni un intelectual en el sentido francés. Era un hombre bueno. No es fácil entender a los hombres realmente buenos, a los que no hablan mal de nadie, a los que sólo tienen enemigos abstractos, a los que nunca producen una sombra de odio. Causan desazón, y a veces uno se agarra de una ironía, de una broma, para creer que ahí, uf, por fin, asomó la perversidad. Y no, no era así.

Me costaba decidir si el origen de esa bondad estaba en su timidez, en su cristianismo o en su ingenuidad. Tiempo después, leyendo Dulces chilenos, una de las novelas más despiadadas de la literatura chilena, creí entender que en Guillermo la bondad -quizás la forma más perfecta de la duda- era el contrapeso necesario de la lucidez.

El 25 de agosto, a los 84 años, este hombre bueno sucumbió ante un paro cardiorrespiratorio, una excusa tan válida como cualquier otra para cerrar la última carilla. El periodismo, la literatura, el mundo fueron un poco mejores mientras estuvo aquí. Ojalá que no sean peores ahora que se ha ido.

Ascanio Cavallo
Revista El Sábado
11 de septiembre de 2010

Comentario de DirCom:
Habiendo conocido a don Guillermo, como alumno y admirador, no puedo sino compartir las palabras de Cavallo. Además, revelan lo más profundo de la Comunicación. Tanto Blanco como Cavallo entienden el mismo espíritu que debe primar en todo hombre de la palabra: debe ser Bueno.

Dicho lo anterior, paso a comentar un sólo aspecto que me llamó la atención de la columna. Esa crítica a la “cultura twitter” como si esta por naturaleza tuviera dos problemas: 1) que se desarrolla al margen de las reglas ortográficas y (más preocupante) 2) en Twitter no habría espacio para algunas conversaciones.

Como podrán imaginar estoy en absoluto desacuerdo con las dos. Primero, porque la calidad de la escritura es un trabajo que depende de quien lo ejerce. Nada más. Por lo tanto, la forzada caricatura de que detrás de Twitter existiría una cultura sin ortografía o gramática, es antojadiza y, pienso, errónea. Segundo, si hay algo que caracteriza a Twitter es la libertad, la posibilidad infinita de hablar de lo que sea incluso de ortografía.

A pesar de lo honorable de sus palabras referidas a don Guillermo, me preocupan las referidas a Twitter, viniendo de un formador de futuros periodistas y connotado hombre de la prensa en Chile. Sólo hace días el director de The Guardian afirmaba que “Twitter es la herramienta periodística más poderosa que ha aparecido en los últimos… umm… diez años”. En Twitter mismo se comenta esta columna de Cavallo. ¿Cómo no va a tener más crédito entonces, esa “cultura”? Creo que sí, especialmenteo, porque en periodismo, el tuiteo y a gloria van de la mano.

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