Confianza Social y el rol de la Comunicación: Conclusiones de Enade 2011

En general, este 2011 hemos visto muy buenas presentaciones de empresarios, emprendedores, estudiosos, trabajadores… y comunicadores. Cifras alentadoras, severos diagnósticos, proyecciones maravillosas, terribles augurios. De todo pudimos ver y oir (via streaming, debo agregar y felicitar). Sin embargo, creo que todos los análisis apuntaron a un tema central y que no se circunscribe únicamente al mundo de la empresa: la confianza.

Todos coincidieron, en mayor o menor medida, de una u otra forma, en que la pérdida de confianza entre autoridades y ciudadanos, entre instituciones y personas, entre unos y otros, es el peor de los males actuales.

Entre todas, me quedo con un par de intervenciones que, creo, dieron en el clavo en el remedio a la situación que vivimos en Chile y -pienso que no es aventurado afirmarlo- en el mundo entero.

Primero, el actual Director de Prensa de Televisión Nacional de Chile, Enrique Mujica, pondiendo al ciudadano y la explosión de sus opiniones a través de las nuevas tecnologías, resumía la receta con la siguiente fórmul: “la desconfianza se vence sólo con las palabras y con el diálogo”.

Segundo, el abogado y consultor, Jorge Navarrete, coincidía en sus observaciones y cierra su presentación con un video que temrina en: “Nunca subestimes el poder de una gran historia”.

En brevísimo, el quid es y sigue siendo la comunicación. Pues bien, quisiera compartir una líneas del tremendo libro “Teoría de la Comunicación: una Propuesta” del maestro de la Universidad de Navarra, Manuel Martín Algarra, quien nos recuerda el fin profundo de la verdadera comunicación y nos puede ayudar a entender dónde están las falencias actuales y cómo podemos recuperar la confianza social.

“La integración que produce la comprensión es el fin de la comunicación. Esa comprensión se alcanza en la correspondencia de lo expresado con lo interpretado: cuando lo desconocido deja de serlo y se supera una más de las barreras que nos separan. La interacción comunicativa produce la superación de las diferencias que existen entre los seres humanos por su condición de individuos, produce la comunión y la integración social, supera el aislamiento que muchas veces deviene en violencia.”

Agrego a estas líneas, una frase que usara el mismo Martín Algarra para retomar las clases en la Universidad de Navarra, el día después del atentado de ETA en 2008: Desinunt odisse qui desinunt ignorare.

Nota para no chilenos: anualmente en Chile, ICARE organiza la jornada denominada Encuentro Nacional de la Empresa (ENADE) donde exponen personajes de gran relevancia para el país, respecto a distintos temas contingentes y de futuro.

Redes sociales, poder y la verdad

En estas semanas hemos visto entre España y Chile, un intenso debate respecto con el uso de las redes sociales (léase Facebook y Twitter principalmente) para la organización ciudadana y cómo ésta influye en el devenir social a través de la presión a la autoridad y el poder en general.

Pareciera que muchos han depositado una excesiva confianza en que éstos han llegado para resolver problemas de participación social, de generación de políticas públicas, de movimientos de organización ciudadana y otros de igual índole. Sin perjuicio de que que en otro nivel de análisis, sí son canales que están provocando un cambio radical, creo que ello está sujeto a lo que ocurra con el uso que hagamos de los mismos, desde la comunicación.

Debemos tener claro que ésta -la comunicación- está sujeta, sin distinción entre los canales que utilice, a ciertos principios irrenunciables, entre ellos: que nuestro mensaje, para que funcione, debe ser relevanteclaro y empático.

Por lo tanto, no basta que los medios estén disponibles, si no que sean bien utilizados y por todos los interlocutores de la ecuación expresión-interpretación en la que se desarrolla la comunicación. Es tras ese intercambio positivo, que podremos ver cambios efectivos, y todos estamos llamados a ser protagonistas, pero especialmente las organizaciones que detentan el poder, pues dentro de sus responsabilidades cabe el estar atentas y, con estos nuevos medios, dispuestas a dialogar con los grupos que dirigen.

Como sabiamente tuiteó @PerezLatre hace unos días, La “estrategia” de comunicación más poderosa: decir la verdad”.

1er Seminario de Comunicación Institucional de la Iglesia

La posición de la Iglesia Católica, como institución global en el mundo de hoy, es un desafío de gran envergadura. El desarrollo de las comunicaciones ha sido vertiginoso en los últimos años y la Iglesia ha tenido que adaptarse, como toda institución, a las necesidades creadas por estos cambios.

La realidad cultural actual, la exposición a la controversia, el vertiginoso desarrollo tecnológico, el aumento exponencial de los flujos de información, entre otros factores, configuran el entorno en el que deben interactuar todas las organizaciones. Por ello, la actividad de comunicación para enfrentar estos y otros desafíos por venir, es clave en la gestión institucional y, en particular, para la misión de la Iglesia.

Este 1er Seminario de Comunicación Institucional de la Iglesia pretende abordar estas interrogantes y proponer algunas respuestas, ofreciendo un espacio de discusión y análisis respecto del momento cultural actual, considerando las nuevas tendencias de la comunicación institucional aplicadas a la Iglesia. El Seminario será también una ocasión para intercambiar experiencias entre profesionales de países y experiencias diversas, así como buscará convertirse en un encuentro de referencia permanente para abordar las problemáticas de la comunicación institucional en la Iglesia.

http://www.duoc.cl/secomiglesia

Feliz Navidad les desea DirCom

“El diálogo debe tener sus raíces en una búsqueda sincera y recíproca de la verdad”

S.S. Benedicto XVI

Que el nacimiento de Jesús nos colme de Alegría y que la Paz del pesebre sea un ejemplo de virtud y guía, para buscar siempre la Verdad.

Muy Feliz Navidad y un próspero año 2011 lleno de bendiciones y comunicaciones para todos.

The chilean way

Mucho se ha comentado la intención de reformular el eslogan que marcará la campaña internacional de nuestro país. Actualmente estamos representados en el mundo con la frase “Chile is good for you” y la idea, tras los eventos de la mina San José, sería reemplazarla por “Do it the chilean way”.
Sin entrar en el juicio sobre el cambio, creo que no podemos olvidar los aspectos centrales de la configuración de la imagen. Como afirma Manuel Martín Algarra, la comunicación es un fenómeno de expresión e interpretación. Luego, la difusión de la imagen de Chile bajo este nuevo eslogan será interpretada de tantas maneras como receptores se vean expuestos al mensaje. Pero la interpretación que hagan de ese mensaje, estará compuesta no sólo por las imágenes del reciente rescate.
La experiencia y percepción de cualquier persona respecto de un país está sujeta a su historia, relaciones, conversaciones, etc. Habrá muchos que todavía ni saben donde queda Chile, habrá otros que sólo han oído hablar de Zamorano y Pinochet, habrá quienes sólo hayan oído el mito de que en Suecia al chileno no hay que decirle nada si roba en un supermercado porque “es su cultura”. Al mismo tiempo tenemos que preguntarnos si¿estamos en condiciones de soportar tremenda generación de expectativas? Obama llegó a la Casa Blanca bajo la promesa del cambio y su nivel de aprobación está en el índice más bajo de su gobierno. ¿La negación de extradición de Norambuena, es también the chilean way? ¿Nuestros ponceos en el New York Times se mueven al ritmo del chilean way? ¿Y si en 2014 repetimos el penal de Caszely? Suma y sigue.
Chilean ways existen como chileans hay. Por eso, presumir de que todo en Chile se hace bien como busca representar la nueva frase, suena más a fanfarronería que a realidad. Y es que la imagen de una organización, de un país, de lo que sea, se contruye no sólo en base a lo que el ente dice que es, sino también a lo que otros dicen que sea y a lo que, finalmente, interpreta quien recibe distintas versiones. La reputación se merece, no se fabrica y la falsa expectativa que podemos generar chocará rotundamente con la verdadera identidad del chilean way, como la de cualquier country way lo haría, porque errare humanum est. Y chilean también.

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Cartas al Director (1)

Bienvenidos a una nueva serie de este blog. En el tiempo, muchas letras han sido despachadas desde el teclado de este humilde servidor a distintas cabeceras de prensa. Algunas de ellas han visto la luz pública. Otras se van quedando en el disco duro. Para estas últimas, es que generamos la serie de “cartasaldirector”

En esta primera edición, a propósito de una carta previa del abogado señor Ramón Barros E. aparecida en El Mercurio del domingo 12 de septiembre de 2010 titulada Intervenciones Presidenciales, quien suscribe replicó con la carta que sigue:

Señor Director:

A propósito de la carta de ayer del señor Ramón Briones E., me parece de interés general comentar las ideas de sus últimas líneas. Afirma el abogado que en Chile “existen grupos que tienen poder de mucha presión”, pero considera que no es el caso de los ecologistas y, además, afirma que la sociedad chilena tendría las herramientas para controlarlos (a los grupos de presión).

Creo que las afirmaciones revelan un desconocimiento de la situación actual en que se desenvuelven los que conocemos como “grupos de presión”. En el mundo de hoy, éstos ya no son sólo aquellos pocos que tienen llegada en los despachos ministeriales, los que sostienen reuniones privadas con los parlamentarios o los que pueden desenfundar fondos ilimitados para mover sus intereses. Hoy la presión también viene de las raíces sociales, del ciudadano común, y, por volumen, debiera este grupo preocupar más que ningún otro a la autoridad. La sociedad chilena pasará de ejercer el control que afirma Briones, a ejercer la presión desde sus bases.

Los medios y canales de distribución de información actuales han configurado un escenario especialmente favorable para desarrollar estrategias en variados temas. Los asuntos de interés público son particularmente sensibles a este tipo de acciones. Una característica fundamental de este nuevo entorno es que las batallas no tienen fronteras. La gestación de una estrategia de presión puede tener lugar en Bruselas, articularse en Washington y ejecutarse en Punta de Choros o La Moneda. Desconocer esto, es no entender la lógica del activismo, cualquiera sea su bandera de lucha. Los grupos que han sabido entender esta realidad han reconocido las oportunidades que allí se encuentran y las están aprovechando, como los movimientos ecologistas, por ejemplo.

Otro elemento clave es su descentralización. Valiéndose del uso de las tecnologías informáticas e internet, veremos cada vez más protagonismo de la ciudadanía en los asuntos públicos. Más manifestación, en los teclados y en el empedrado. Más opinión, en los medios informativos y en los personales. Creo que el nombre “activismo” calza perfectamente con estos grupos. Basta con “activar” las redes establecidas para comenzar el juego…

Barrancones ha sido sólo una muestra, gruesa por cierto, de la influencia que pueden alcanzar estos grupos y del protagonismo del ciudadano. Ya vendrán otras batallas. Es de esperar que todos entendamos este fenómeno y en estas batallas no veamos sangre, sino grandes ideas.

Nota:  En post anterior (inlgés) hay más antecedentes de lo que entiendo de este “nuevo” tipo de activismo.

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El Tuiteo y la Gloria

Para la última edición de Revista El Sábado de El Mercurio, el habitual comentarista de cine agrega una segunda titulada “Adiós a Guillermo” (en evidente alusión a la obra de el homenajeado “Adiós a Ruibarbo”).

Notablemente escrita, como suelen ser las piezas del Decano de la Escuela dePeriodismo UAI, contiene mucho de lo que conocimos de Guillermo Blanco, quizás lo más trascendente, pero tiene trazos de periodismo old fashioned también. Por ello, invitamos a leer y comentar.

Les dejamos aquí la columna. Al final el comentario de DirCom.

“Adios a Guillermo”

 

En 1977, Carlos Flores estrenó su memorable documental Pepe Donoso, filmado durante un regreso del escritor a Chile. En una de las escenas centrales, filmada en un bar algo piojoso, Donoso conversa y fuma con otras tres figuras de la “generación del 50”. Juntos, en un mismo espacio que hoy se vuelve fantasmal, la elocuencia de Donoso, la agudeza de Enrique Lihn, el silencio bello y elegante de María Elena Gertner. Y la modestia de Guillermo Blanco, que se confiesa “miedoso” a la hora de publicar, pero que en seguida declara: “Frente a la carilla en blanco, no había cobardía posible”.

Retuve esa frase. Intrigante, casi confidencial. Un año después, entré a hacer la práctica en la sección cultura de la revista Hoy. El editor era Guillermo Blanco. Primer jefe. ¿Cómo decirlo? Es extraño que alguien a quien uno viene leyendo desde la primaria -los cuentos: Cuero de Diablo, Adiós a Ruibarbo-, la secundaria -Gracia y el forastero- y hasta la universidad sea justo el primer jefe. Un tótem dándote las primeras órdenes.

Estuve bajo su mando un par de años, quizás menos. Y me he sorprendido muchas veces amplificando ese período hasta la fantasía, como esos momentos que se expanden mucho más allá de sí mismos. Debo a Guillermo el cariño por la palabra, el respeto a su solemnidad y la gracia de su irreverencia. Le debo la noción de que las palabras son habitadas por la gente, y no al revés. Le debo la comprensión de que la palabra escrita también suena, que las frases tienen su propia música. Le debo una cierta idea -imprecisa, de mal alumno- del vínculo entre la escritura y la moral.

Y muchas otras cosas. Unas discusiones sobre ciertos asuntos (el uso de la coma antes o después de la y, el empleo arrojadizo de la palabra siútico, la ferocidad de los cuentos de Pablo García, la etimología de la palabra ingenuo) que resultarán fósiles para la cultura twitter. Unas lecciones sobre la libertad, Unamuno, la conciencia, Vietnam. Unas ideas sobre la escritura ejercida en tiempos confusos y violentos.

En fin: las luces de un maestro. ¿Qué es un maestro? En la definición no dicha de Guillermo, un hombre que encuentra el diamante donde otros sólo ven el carbón. Un hombre que hace lo que los padres no pueden, por incondicionales o por provectos. Ignoro si los cientos de alumnos que tuvo en distintas universidades habrán sentido lo mismo; pero sé que fue una de las figuras propiamente magisteriales del periodismo chileno.

¿Lo esencial? Guillermo no era un filósofo ni un intelectual en el sentido francés. Era un hombre bueno. No es fácil entender a los hombres realmente buenos, a los que no hablan mal de nadie, a los que sólo tienen enemigos abstractos, a los que nunca producen una sombra de odio. Causan desazón, y a veces uno se agarra de una ironía, de una broma, para creer que ahí, uf, por fin, asomó la perversidad. Y no, no era así.

Me costaba decidir si el origen de esa bondad estaba en su timidez, en su cristianismo o en su ingenuidad. Tiempo después, leyendo Dulces chilenos, una de las novelas más despiadadas de la literatura chilena, creí entender que en Guillermo la bondad -quizás la forma más perfecta de la duda- era el contrapeso necesario de la lucidez.

El 25 de agosto, a los 84 años, este hombre bueno sucumbió ante un paro cardiorrespiratorio, una excusa tan válida como cualquier otra para cerrar la última carilla. El periodismo, la literatura, el mundo fueron un poco mejores mientras estuvo aquí. Ojalá que no sean peores ahora que se ha ido.

Ascanio Cavallo
Revista El Sábado
11 de septiembre de 2010

Comentario de DirCom:
Habiendo conocido a don Guillermo, como alumno y admirador, no puedo sino compartir las palabras de Cavallo. Además, revelan lo más profundo de la Comunicación. Tanto Blanco como Cavallo entienden el mismo espíritu que debe primar en todo hombre de la palabra: debe ser Bueno.

Dicho lo anterior, paso a comentar un sólo aspecto que me llamó la atención de la columna. Esa crítica a la “cultura twitter” como si esta por naturaleza tuviera dos problemas: 1) que se desarrolla al margen de las reglas ortográficas y (más preocupante) 2) en Twitter no habría espacio para algunas conversaciones.

Como podrán imaginar estoy en absoluto desacuerdo con las dos. Primero, porque la calidad de la escritura es un trabajo que depende de quien lo ejerce. Nada más. Por lo tanto, la forzada caricatura de que detrás de Twitter existiría una cultura sin ortografía o gramática, es antojadiza y, pienso, errónea. Segundo, si hay algo que caracteriza a Twitter es la libertad, la posibilidad infinita de hablar de lo que sea incluso de ortografía.

A pesar de lo honorable de sus palabras referidas a don Guillermo, me preocupan las referidas a Twitter, viniendo de un formador de futuros periodistas y connotado hombre de la prensa en Chile. Sólo hace días el director de The Guardian afirmaba que “Twitter es la herramienta periodística más poderosa que ha aparecido en los últimos… umm… diez años”. En Twitter mismo se comenta esta columna de Cavallo. ¿Cómo no va a tener más crédito entonces, esa “cultura”? Creo que sí, especialmenteo, porque en periodismo, el tuiteo y a gloria van de la mano.

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