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No Pienses en un Elefante

Esta es la primera tarea (en inglés, “Don’t Think of an Elephant!”) que el profesor de ciencia cognitiva de Berkeley, George Lakoff, da a sus alumnos el primer día de clases y sobre la cuál versa su libro homónimo. Lo que intenta explicar con este ejercicio es cómo funciona un frame o “marco conceptual” (por aventurar una traducción). La palabra “elefante” evoca un determinado marco conceptual sobre el cual damos sentido a esa palabra y que, en este caso, está compuesto por imágenes y otras formas de conocimiento: animal, orejas, patas, circo -el Rey de España, podría agregar alguien-, etc. Lo desafío estimado(a) lector(a) a que trate usted de hacerlo y piense si logra “no ver” un cuadrúpedo de orejas prominentes como el de Paulmann o Disney… Lo relevante del ejercicio es que comprueba que el simple hecho de negar un marco conceptual evoca al mismo y que, por tanto, lograr que la mente salga de ese marco, o no lo refiera, es muy complejo. Tanto es así que el propio Lakoff afirma que nunca ha recibido un alumno que logre efectivamente “no pensar en un elefante”.

Existe muchísima literatura referida al framing que se puede consultar y desde hace mucho tiempo. Por lo mismo, a esta altura sorprende que en la centroderecha en Chile no lo hayan entendido y no se hayan tomado cartas serias en el asunto, como sí lo ha hecho la izquierda, desde hace ya mucho tiempo. El profesor Lakoff y muchos como él lo hicieron en 2004 en Estados Unidos y llegaron con Obama a la Casa Blanca. En nuestro país La Alianza llegó a La Moneda y la centroderecha no ha sabido pensar en el futuro ni en cómo forjar una narrativa común que pueda hacer frente al ejército de actores y el mar de ideas que la izquierda ha articulado notablemente, sociólogos, antropólogos, comunicadores, historiadores, abogados, cientistas políticos y un amplio etcétera, mediante. El “NO” es el gran articulador de este grupo y su discurso. Comenzó con el “no” a Pinochet y se ha perpetuado con un fuerte y claro (y muy antidemocrático por lo demás) “no” a la derecha, y bajo ese halo se ha articulado la influencia que ha ejercido este sector en el país. Consideraciones aparte, ha sido notablemente efectivo. Tanto así que a nivel de discurso político, como sociedad todavía nos domina un marco conceptual de discordia y no hemos podido avanzar en la construcción de un Chile dialogante, con proyección y positivo. Esta retórica de la negación pudo sumar adherentes con un ejercicio comunicacional excepcional ycuyo epítome es el arcoíris de la Concertación. El marco conceptual al que refiere la imagen del arcoíris y tantas otras en adelante (el dedo de Lagos, Pinochet detenido, y un largo etcétera de diversas manifestaciones políticas y culturales), es un terreno ganado e incluso más: la centroderecha se dispara día tras día en los pies tratando de refutarlo.

En el último tiempo la carrera presidencial en curso da nuevas muestras de esta debilidad de la centroderecha y la habilidad de la izquierda para ganar terreno. La estrategia del silencio de Bachelet y el #EsPosible de la campaña de Golborne, dan cuenta de ello. La primera sumando puntos en “mute”, el segundo volviendo una y otra vez a tratar de ganar en una cancha – como la de las emociones- que la ex presidenta ya domina. Es la propia centroderecha la que habla una y otra vez de Bachelet intentando desacreditarla, pero sus puntos no bajan en las encuestas. La centroderecha necesita dejar de “pensar en el elefante” y buscar un nuevo marco conceptual sobre el cual construir adhesión para conseguir otro período en La Moneda. Para eso se deben definir los propios valores y principios -como lo han intentado Pablo Ortúzar y Francisco Javier Urbina en “Gobernar con principios. Ideas para una nueva derecha”– y construir sobre esa base una narrativa propia, proactiva y positiva. Nadie dijo que será fácil, pero si se dedican los recursos y esfuerzos necesarios, sin duda que eso sí posible.

 

Nota: Esta columna fue publicada originalmente en Chile B.

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Si y No

Ayer pude ir a ver NO, la película. Sin duda fue un ejercicio de reflexión y emocional, y en términos generales, coincido con Carmen Sofía Brenes en el veredicto: una película muy inteligente. Pero como toda obra (y toda comunicación), se libera de las intenciones que ha intentado imprimir su autor (sea el director, sea el guionista, sea el productor) y, aunque pueden coincidir, lo importante es lo que se interpreta desde la butaca, el sillón o la cama, y las acciones a las que puede mover. Va aquí mi “versión-butaca”.

SI
La película nos lleva a un momento ineludible en la historia de Chile, el plebiscito de 1988, desde la perspectiva del creativo publicitario, René Saavedra. Desde su perspectiva, se nos narra el proceso de creación de la franja televisiva de la campaña del NO. Con los códigos publicitarios y frente a mucha adversidad y adversarios, se logra imponer la conceptualización de Saavedra y la alegría sería la promesa y la idea central de la franja, a pesar de las ganas de la mayoría de la oposición de retratar los abusos, el miedo, el terror, la “verdad”.

La historia, sin duda, es un acierto. La narración, funciona. La actuación (a excepción de García Bernal, pienso), excelente. Pero sobretodo, la película propone un tema que vale la pena comentar y discutir, por lo que se agradece. Sin embargo, como todo cine, no lo hace desde la vereda de la objetividad (no podría), sino desde la opuesta y, alguien podría argumentar, desde la ideológica.

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Fuente: La Nación

NO
En la cara opuesta, la película trasunta una opinión política desde dos perspectivas: primero, que a la política chilena y a los políticos, les falta creatividad y sintonía con las personas, y segundo, que la derecha es peor que la izquierda. Sin duda, no se puede reprochar que así sea, pero el cine, como toda comunicación, debiera aspirar al bien común y a la unidad y NO, atornilla en sentido contrario.

Por una parte, pienso que la ridiculización de los políticos en general y de la derecha en particular que se observa en la película, es un recurso burdo. Útil, pero burdo. Nadie discute que una película como ésta retrate y condene los abusos a los derechos humanos cometidos, pero la banalización, la estereotipización, la estupidización del adversario, no parece el mejor camino para justificar la posición propia, al contrario, es un demérito pues el camino fácil nunca será el excelso.

Otra arista negativa tiene que ver con la vocación de perpetuidad de la película. En muchos pasajes, los símbolos declaran la pretensión de extensión del ambiente que describe la película a nuestros días. Entre otros ejemplos y detalles, no es casual que aparezcan los protagonistas de la historia real, interpretándose a ellos mismos y exacerbando las diferencias físicas entre presente y pasado, pero manteniendo el discurso. Como si el guión nos dijera que ayer y hoy, el escenario es el mismo y, por ende, que la división, las banderas de lucha, lo que Chile necesita, es seguir viviendo con el muro del plebiscito entre nosotros. NO retrata el Chile de 1988, pero se exhibe en 2012, eso no hay que olvidarlo.

SI y NO
El cine chileno, especialmente el espectador chileno, necesitamos desafío. NO, es un desafío. Una prueba de la memoria, un test de reflexión, una provocación intelectual. Pero es también una opinión, una declaración, una proclama. Por lo mismo, pienso que es muy inteligente. Muy inteligente porque cumple con su vocación por la discordia (basta ver la campaña publicitaria de la película y las noticias y twitter por estos días, para darse cuenta). Lamentablemente le falta vocación por el diálogo y el respeto. Una verdadera vocación por la alegría.

Nota: me declaro absolutamente lego en teoría del cine o siquiera algo parecido. Por lo mismo repito, esta es mi humilde versión-butaca. Y si hubiere a cualquiera ofendido, desde ya me disculpo.

No pienses en el Arcoíris

La última columna del profesor Gonzalo Rojas no puede pasar desapercibida. No porque sea buena o mala en su racionamiento, sino porque da cuenta de un mal síntoma social y, en particular, del grave problema en el que no hace más que profundizar la centroderecha y quienes la representan en los espacios de discusión pública, especialmente en los medios de comunicación.

La afirmación que intenta refutar el académico -aquello de que no existiría un movimiento social- no hace más que validar y asentar la “idea-fuerza” que utiliza Girardi, como lo refleja el actuar del Ministro Beyer que el mismo Rojas menciona. La izquierda unida, hace ya varias décadas, ha entendido la importancia de la comunicación, del lenguaje, de las palabras, de las percepciones, y ha sabido configurar una narrativa común para dominar las ideas y el escenario político y cultural de los últimos treinta años en Chile. No es este el espacio suficiente para un debate en profundidad para explicar en detalle lo anterior, pero creo que se puede, en algunas líneas, sintetizar el fondo del argumento que sostiene estas afirmaciones y el mecanismo por el cuál ocurre este fenómeno.

“No pienses en un elefante” (Don’t think of an elephant!). Esta es la primera tarea que el profesor de ciencia cognitiva de Berkeley, George Lakoff, da a sus alumnos el primer día de clases. Lo que intenta explicar con este ejercicio es como funciona un frame o “marco conceptual” (por aventurar una traducción). La palabra “elefante” evoca un determinado marco conceptual sobre el cual damos sentido a la misma y que en este caso, está compuesto por imágenes y otras formas de conocimiento: animal, orejas, patas, circo -el Rey de España podría agregar alguien-, etc. Pero lo relevante del ejercicio es que comprueba que el simple hecho de negar un marco conceptual evoca el mismo, y que lograr que la mente salga de ese marco o no lo refiera, es muy complejo. Tanto es así que el propio Lakoff afirma que nunca ha recibido un alumno que logre efectivamente “no pensar en un elefante”.

Existe muchísima literatura referida al framing que se puede consultar y desde hace mucho tiempo. Por lo mismo, a esta altura parece inverosímil que en la centroderecha no lo hayan entendido y no se hayan tomado cartas serias en el asunto, como sí lo ha hecho la izquierda en Chile, desde hace ya mucho tiempo. El profesor Lakoff y muchos como él lo hicieron en 2004 en Estados Unidos y llegaron con Obama a la Casa Blanca. La Alianza llegó a La Moneda (en un hecho que en retrospectiva es cada vez menos comprensible) y la centroderecha no ha sabido pensar en el futuro ni en cómo forjar una narrativa común que pueda hacer frente al ejército de actores y el mar de ideas que la izquierda ha articulado notablemente, sociólogos, antropólogos, comunicadores, historiadores, abogados, cientistas políticos y un amplio etcétera mediante. El “NO” es el gran articulador de este grupo y su discurso. Comenzó con el no a Pinochet y se ha perpetuado con un fuerte y claro (y muy antidemocrático por lo demás) no a la derecha, y bajo ese halo se ha articulado la influencia que ha ejercido este sector en el país. Consideraciones aparte, ha sido notablemente efectivo. Tanto así que como sociedad todavía nos domina un marco conceptual de la discordia y no hemos podido avanzar en la construcción de un Chile dialogante, con proyección y positivo. Esta retórica de la negación pudo sumar adherentes con un ejercicio comunicacional excepcional y cuyo epítome es el arcoíris de la Concertación. El marco conceptual al que refiere esta imagen y tantas otras en adelante (el dedo de Lagos, Pinochet detenido, y un largo etcétera de diversas manifestaciones políticas y culturales), es un terreno ganado e incluso más, la centroderecha se dispara día tras día en los pies (¡y con una ametralladora!), tratando de refutarlo. La columna de Gonzalo Rojas es un claro ejemplo de esto y creo que ya es tiempo de que podamos construir un Chile sobre nuevos marcos conceptuales.

La explicación de las iniciativas cívicas que hace Rojas en su columna es muy clarificadora, pero no da cuenta del significado profundo de aquello a lo que refiere la expresión “movimientos sociales” y que el ex Presidente Lagos ha refundido en “fuerzas sociales”. Están buscando un nuevo arcoíris, pero los chilenos necesitamos más que sólo un fenómeno óptico que se desvanece. Esto no sólo para conseguir el poder (si fuesen las intenciones de la centroderecha), sino porque cada uno de los chilenos nos merecemos la oportunidad de soñar un país distinto, un país mejor, un Chile virtuoso, un Chile alegre. Para eso necesitamos superar el estadio de la discordia y desde todos los espectros, políticos, ideológicos, académicos, comunicacionales y los que sean necesarios, debemos cambiar el diálogo, reconstruir la confianza social y pensar un Chile mejor. Ya lo dijo Nicanor Parra: “la izquierda y la derecha unidas / jamás serán vencidas”. Tiene toda la razón. ¡No pienses en el arcoíris!

Nota: el texto fue enviado a la sección Cartas al Director del diario El Mercurio para ser publicada el día siguiente de la columna de Gonzalo Rojas mencionada.

Confianza Social y el rol de la Comunicación: Conclusiones de Enade 2011

En general, este 2011 hemos visto muy buenas presentaciones de empresarios, emprendedores, estudiosos, trabajadores… y comunicadores. Cifras alentadoras, severos diagnósticos, proyecciones maravillosas, terribles augurios. De todo pudimos ver y oir (via streaming, debo agregar y felicitar). Sin embargo, creo que todos los análisis apuntaron a un tema central y que no se circunscribe únicamente al mundo de la empresa: la confianza.

Todos coincidieron, en mayor o menor medida, de una u otra forma, en que la pérdida de confianza entre autoridades y ciudadanos, entre instituciones y personas, entre unos y otros, es el peor de los males actuales.

Entre todas, me quedo con un par de intervenciones que, creo, dieron en el clavo en el remedio a la situación que vivimos en Chile y -pienso que no es aventurado afirmarlo- en el mundo entero.

Primero, el actual Director de Prensa de Televisión Nacional de Chile, Enrique Mujica, pondiendo al ciudadano y la explosión de sus opiniones a través de las nuevas tecnologías, resumía la receta con la siguiente fórmul: “la desconfianza se vence sólo con las palabras y con el diálogo”.

Segundo, el abogado y consultor, Jorge Navarrete, coincidía en sus observaciones y cierra su presentación con un video que temrina en: “Nunca subestimes el poder de una gran historia”.

En brevísimo, el quid es y sigue siendo la comunicación. Pues bien, quisiera compartir una líneas del tremendo libro “Teoría de la Comunicación: una Propuesta” del maestro de la Universidad de Navarra, Manuel Martín Algarra, quien nos recuerda el fin profundo de la verdadera comunicación y nos puede ayudar a entender dónde están las falencias actuales y cómo podemos recuperar la confianza social.

“La integración que produce la comprensión es el fin de la comunicación. Esa comprensión se alcanza en la correspondencia de lo expresado con lo interpretado: cuando lo desconocido deja de serlo y se supera una más de las barreras que nos separan. La interacción comunicativa produce la superación de las diferencias que existen entre los seres humanos por su condición de individuos, produce la comunión y la integración social, supera el aislamiento que muchas veces deviene en violencia.”

Agrego a estas líneas, una frase que usara el mismo Martín Algarra para retomar las clases en la Universidad de Navarra, el día después del atentado de ETA en 2008: Desinunt odisse qui desinunt ignorare.

Nota para no chilenos: anualmente en Chile, ICARE organiza la jornada denominada Encuentro Nacional de la Empresa (ENADE) donde exponen personajes de gran relevancia para el país, respecto a distintos temas contingentes y de futuro.

The chilean way

Mucho se ha comentado la intención de reformular el eslogan que marcará la campaña internacional de nuestro país. Actualmente estamos representados en el mundo con la frase “Chile is good for you” y la idea, tras los eventos de la mina San José, sería reemplazarla por “Do it the chilean way”.
Sin entrar en el juicio sobre el cambio, creo que no podemos olvidar los aspectos centrales de la configuración de la imagen. Como afirma Manuel Martín Algarra, la comunicación es un fenómeno de expresión e interpretación. Luego, la difusión de la imagen de Chile bajo este nuevo eslogan será interpretada de tantas maneras como receptores se vean expuestos al mensaje. Pero la interpretación que hagan de ese mensaje, estará compuesta no sólo por las imágenes del reciente rescate.
La experiencia y percepción de cualquier persona respecto de un país está sujeta a su historia, relaciones, conversaciones, etc. Habrá muchos que todavía ni saben donde queda Chile, habrá otros que sólo han oído hablar de Zamorano y Pinochet, habrá quienes sólo hayan oído el mito de que en Suecia al chileno no hay que decirle nada si roba en un supermercado porque “es su cultura”. Al mismo tiempo tenemos que preguntarnos si¿estamos en condiciones de soportar tremenda generación de expectativas? Obama llegó a la Casa Blanca bajo la promesa del cambio y su nivel de aprobación está en el índice más bajo de su gobierno. ¿La negación de extradición de Norambuena, es también the chilean way? ¿Nuestros ponceos en el New York Times se mueven al ritmo del chilean way? ¿Y si en 2014 repetimos el penal de Caszely? Suma y sigue.
Chilean ways existen como chileans hay. Por eso, presumir de que todo en Chile se hace bien como busca representar la nueva frase, suena más a fanfarronería que a realidad. Y es que la imagen de una organización, de un país, de lo que sea, se contruye no sólo en base a lo que el ente dice que es, sino también a lo que otros dicen que sea y a lo que, finalmente, interpreta quien recibe distintas versiones. La reputación se merece, no se fabrica y la falsa expectativa que podemos generar chocará rotundamente con la verdadera identidad del chilean way, como la de cualquier country way lo haría, porque errare humanum est. Y chilean también.

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Cartas al Director (1)

Bienvenidos a una nueva serie de este blog. En el tiempo, muchas letras han sido despachadas desde el teclado de este humilde servidor a distintas cabeceras de prensa. Algunas de ellas han visto la luz pública. Otras se van quedando en el disco duro. Para estas últimas, es que generamos la serie de “cartasaldirector”

En esta primera edición, a propósito de una carta previa del abogado señor Ramón Barros E. aparecida en El Mercurio del domingo 12 de septiembre de 2010 titulada Intervenciones Presidenciales, quien suscribe replicó con la carta que sigue:

Señor Director:

A propósito de la carta de ayer del señor Ramón Briones E., me parece de interés general comentar las ideas de sus últimas líneas. Afirma el abogado que en Chile “existen grupos que tienen poder de mucha presión”, pero considera que no es el caso de los ecologistas y, además, afirma que la sociedad chilena tendría las herramientas para controlarlos (a los grupos de presión).

Creo que las afirmaciones revelan un desconocimiento de la situación actual en que se desenvuelven los que conocemos como “grupos de presión”. En el mundo de hoy, éstos ya no son sólo aquellos pocos que tienen llegada en los despachos ministeriales, los que sostienen reuniones privadas con los parlamentarios o los que pueden desenfundar fondos ilimitados para mover sus intereses. Hoy la presión también viene de las raíces sociales, del ciudadano común, y, por volumen, debiera este grupo preocupar más que ningún otro a la autoridad. La sociedad chilena pasará de ejercer el control que afirma Briones, a ejercer la presión desde sus bases.

Los medios y canales de distribución de información actuales han configurado un escenario especialmente favorable para desarrollar estrategias en variados temas. Los asuntos de interés público son particularmente sensibles a este tipo de acciones. Una característica fundamental de este nuevo entorno es que las batallas no tienen fronteras. La gestación de una estrategia de presión puede tener lugar en Bruselas, articularse en Washington y ejecutarse en Punta de Choros o La Moneda. Desconocer esto, es no entender la lógica del activismo, cualquiera sea su bandera de lucha. Los grupos que han sabido entender esta realidad han reconocido las oportunidades que allí se encuentran y las están aprovechando, como los movimientos ecologistas, por ejemplo.

Otro elemento clave es su descentralización. Valiéndose del uso de las tecnologías informáticas e internet, veremos cada vez más protagonismo de la ciudadanía en los asuntos públicos. Más manifestación, en los teclados y en el empedrado. Más opinión, en los medios informativos y en los personales. Creo que el nombre “activismo” calza perfectamente con estos grupos. Basta con “activar” las redes establecidas para comenzar el juego…

Barrancones ha sido sólo una muestra, gruesa por cierto, de la influencia que pueden alcanzar estos grupos y del protagonismo del ciudadano. Ya vendrán otras batallas. Es de esperar que todos entendamos este fenómeno y en estas batallas no veamos sangre, sino grandes ideas.

Nota:  En post anterior (inlgés) hay más antecedentes de lo que entiendo de este “nuevo” tipo de activismo.

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DirCom de Gobierno II

Con el nombramiento del periodista Mauricio Lob como nuevo director de la Secretaría de Comunicaciones, Secom, se abre un nuevo escenario de análisis para las tareas de la Segegob en el nuevo gobierno.

En un post anterior planteábamos las preguntas respecto del rol que debe cumplir la Segegob. A ello, hoy se suma el papel de la Secom. En el sitio web oficial se describen las tareas de ésta última. Sus principales responsabilidades tienen que ver con la relación del Gobierno con los medios de comunicación, nacionales e internacionales.

Por ello, el nombramiento en el cargo del ex coordinador de política de Reportajes del diario La Tercera, viene a confirmar un perfil técnico en cargos de relevancia. Bajo el gobierno de Bachelet, desempeñaba el cargo Juan Carvajal, quien operaba, además, como asesor directo de la Presidencia. A raíz del terremoto su rol de asesor se vio expuesto, al ser indicado como uno de quiénes habían aconsejado a la Presidenta el retraso de la orden a las fuerzas militares de salir a la calle para resguardar el orden entre la ciudadanía.

El perfil de Lob nos permite intuir que se tratará de una gestión más dedicada a las relaciones con los medios de comuncación, es decir, con sus pares periodistas. Siguiendo esta lógica, parece un nombramiento acertado en cuanto Lob puede establecer una buena relación con los periodistas del área por su cercanía profesional, al mismo tiempo que tendrá una gran capacidad para planificar las estrategias y acciones en relación con las tareas de la Secom, en cuanto maneja los códigos, prácticas y tiempos de los medios de comunciación.

Con el paso de los días podremos ir afinando nuestras opiniones contrastando con los hechos. Es de esperar que tanto la Segegob a nivel global, como la Secom en su área de competencia, puedan llevar a cabo una tarea profesional de máxima calidad, no porque le convenga al Gobierno, sino porque en toda su dimensión, un buen trabajo en estas áreas será de beneficio para todos los chilenos. De otra forma (si predominan intereses políticos o las encuestas de imagen personal, por ejemplo), las funciones para las que existen ambas reparticiones verán, nuevamente, desprestigiada su posición ante la ciudadanía. Ya veremos qué ocurre con las Secres.

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