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Si y No

Ayer pude ir a ver NO, la película. Sin duda fue un ejercicio de reflexión y emocional, y en términos generales, coincido con Carmen Sofía Brenes en el veredicto: una película muy inteligente. Pero como toda obra (y toda comunicación), se libera de las intenciones que ha intentado imprimir su autor (sea el director, sea el guionista, sea el productor) y, aunque pueden coincidir, lo importante es lo que se interpreta desde la butaca, el sillón o la cama, y las acciones a las que puede mover. Va aquí mi “versión-butaca”.

SI
La película nos lleva a un momento ineludible en la historia de Chile, el plebiscito de 1988, desde la perspectiva del creativo publicitario, René Saavedra. Desde su perspectiva, se nos narra el proceso de creación de la franja televisiva de la campaña del NO. Con los códigos publicitarios y frente a mucha adversidad y adversarios, se logra imponer la conceptualización de Saavedra y la alegría sería la promesa y la idea central de la franja, a pesar de las ganas de la mayoría de la oposición de retratar los abusos, el miedo, el terror, la “verdad”.

La historia, sin duda, es un acierto. La narración, funciona. La actuación (a excepción de García Bernal, pienso), excelente. Pero sobretodo, la película propone un tema que vale la pena comentar y discutir, por lo que se agradece. Sin embargo, como todo cine, no lo hace desde la vereda de la objetividad (no podría), sino desde la opuesta y, alguien podría argumentar, desde la ideológica.

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Fuente: La Nación

NO
En la cara opuesta, la película trasunta una opinión política desde dos perspectivas: primero, que a la política chilena y a los políticos, les falta creatividad y sintonía con las personas, y segundo, que la derecha es peor que la izquierda. Sin duda, no se puede reprochar que así sea, pero el cine, como toda comunicación, debiera aspirar al bien común y a la unidad y NO, atornilla en sentido contrario.

Por una parte, pienso que la ridiculización de los políticos en general y de la derecha en particular que se observa en la película, es un recurso burdo. Útil, pero burdo. Nadie discute que una película como ésta retrate y condene los abusos a los derechos humanos cometidos, pero la banalización, la estereotipización, la estupidización del adversario, no parece el mejor camino para justificar la posición propia, al contrario, es un demérito pues el camino fácil nunca será el excelso.

Otra arista negativa tiene que ver con la vocación de perpetuidad de la película. En muchos pasajes, los símbolos declaran la pretensión de extensión del ambiente que describe la película a nuestros días. Entre otros ejemplos y detalles, no es casual que aparezcan los protagonistas de la historia real, interpretándose a ellos mismos y exacerbando las diferencias físicas entre presente y pasado, pero manteniendo el discurso. Como si el guión nos dijera que ayer y hoy, el escenario es el mismo y, por ende, que la división, las banderas de lucha, lo que Chile necesita, es seguir viviendo con el muro del plebiscito entre nosotros. NO retrata el Chile de 1988, pero se exhibe en 2012, eso no hay que olvidarlo.

SI y NO
El cine chileno, especialmente el espectador chileno, necesitamos desafío. NO, es un desafío. Una prueba de la memoria, un test de reflexión, una provocación intelectual. Pero es también una opinión, una declaración, una proclama. Por lo mismo, pienso que es muy inteligente. Muy inteligente porque cumple con su vocación por la discordia (basta ver la campaña publicitaria de la película y las noticias y twitter por estos días, para darse cuenta). Lamentablemente le falta vocación por el diálogo y el respeto. Una verdadera vocación por la alegría.

Nota: me declaro absolutamente lego en teoría del cine o siquiera algo parecido. Por lo mismo repito, esta es mi humilde versión-butaca. Y si hubiere a cualquiera ofendido, desde ya me disculpo.

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